Historias de los pioneros mexicanos
El legado de Bertha Hidalgo Rojas y su esposo Alfonso López Sierra es un legado digno de ser contado: Siete hijos. Siete sumos sacerdotes. Sietes obispos. Siete misioneros.
Un niño que nació en una humilde casa de Huautla de Jiménez Oaxaca y se convirtió en abogado, pero sobre todo un fiel poseedor del sacerdocio y el primer obispo del primer barrio de Toluca.
Fotógrafo profesional, impresor y un empresario que a la mitad de su vida se convirtió a la Iglesia. Además de un ávido escritor de su diario: 2,600 páginas de manuscritos durante veintiocho años.
Analfabeto y sin zapatos, a los veinticinco años tuvo su primer encuentro con la Iglesia. De inmediato obtuvo la confirmación de que el Señor lo había guiado y su conversión fue instantánea.
El inagotable defensor de la Iglesia en México. Fue un hombre autodidacta, un misionero formidable, un administrador excelente y un gran defensor de los santos en México.
A finales de la década de 1950, fue detenido y amenazado en Toluca por un grupo de personas molestas por un anuncio que Cayetano mostraba en su taxi, el cual decía “¡Sea feliz! ¡Sea mormón!”.
Amigo de los pueblos amerindios y rescatador de los santos sud del centro de México
Narciso trabajó por casi nueve años llevando el Evangelio a las comunidades cercanas y aumentó así la membresía en su propia rama.